CARACAS, Venezuela – Era la 1:58 de la madrugada del 3 de enero cuando un estruendo hizo vibrar las ventanas de mi apartamento en el centro de Caracas: ¿Continúan las celebraciones de Año Nuevo? ¿Se viene una tormenta o será un terremoto? 

A pesar de las múltiples amenazas de Estados Unidos, mi mente no lo creía posible, no así, no ahora. Como dicen en Venezuela: “una cosa es llamar al diablo y otra verlo llegar”. Los misiles empezaron a caer uno tras otro y mi celular se inundó del mismo mensaje: 

“Nos están bombardeando”.

Los habitantes del suroeste de la capital fueron testigos de cómo al menos once helicópteros ingresaban a Fuerte Tiuna, el complejo militar más importante de Caracas, que se encuentra rodeado por decenas de edificaciones civiles denominadas ‘Ciudad Tiuna’.

Andrea Pérez, habitante de este lugar, escuchó el rugido de los helicópteros seguido de silbidos agudos que terminaron en una gran explosión. El resplandor iluminó su apartamento y el aire denso empezó a oprimir el pecho de su hijo pequeño. 

El Complejo Residencial Ciudad Tiuna dentro del Complejo Militar Fuerte Tiuna. Foto de Jessica Dos Santos Jardim

“Corrimos 8 pisos abajo, con la linterna del teléfono; nos encontramos a todos los vecinos; algunos iban semidesnudos, corriendo por sus vidas. Otros agarramos nuestros carros, pero la congestión hizo que tardáramos casi 20 minutos en salir de ahí”.

En segundos, la autopista se llenó de gente que intentaba huir de lo que sea que estuviese pasando. “No había luz; se escuchaban ruidos indescriptibles y aterradores; uno no sabía de dónde venían; desconocíamos qué pasaba afuera, pero teníamos que salir. Yo me llevé cargada a mi perra de casi 30 kilos y recién operada”, cuenta Oleno León, otro vecino.

Después, tanto ellos como nosotros, supimos que un ciberataque estadounidense paralizó gran parte del suministro eléctrico de Caracas y permitió que 150 cazas furtivos, aeronaves de guerra electrónica, bombarderos, helicópteros de asalto, drones y satélites de inteligencia penetraran el cielo de al menos cuatro estados de Venezuela.

Horas y días de mucha confusión

A estas alturas sabíamos que habían incursionado, pero no teníamos certeza de si habían logrado su objetivo: secuestrar al presidente Nicolás Maduro. Pero horas después del primer bombazo, la vicepresidenta Delcy Rodríguez estableció contacto telefónico con el canal del Estado y lo confirmó de facto tras pedirle a Estados Unidos “una fe de vida” tanto del mandatario como de su esposa, Cilia Flores. 

Después, el ministro de Defensa, el general Vladímir Padrino López, declaró solo desde lo que parecía un búnker, mientras que el ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, lo hizo desde la calle en compañía de integrantes de algunos cuerpos policiales.

La población se resguardó. Las calles se convirtieron en desiertos. Una soledad que solo se rompió al día siguiente, con colas desesperadas en supermercados, farmacias y en ventas de agua potable. Lo que siguió, lo conocen todos: las múltiples y contradictorias declaraciones de distintos miembros del gobierno norteamericano, las imágenes del presidente Nicolás Maduro y su esposa llegando a la DEA y posteriormente a la Corte en Manhattan, Delcy Rodríguez juramentando como presidenta encargada ante la Asamblea Nacional.

No obstante, con el paso de los días, nuevas dudas entraron a la escena nacional: ¿Qué pasó con los sistemas rusos de defensa aérea o el radar chino para la detección de ataques aéreos? Incluyendo los 5000 misiles Igla-S que el propio Maduro aseguró tener en octubre del 2025. ¿Por qué no hubo combates aéreos? ¿Todo falló? ¿Esto se trataría de una traición? O, en caso de ser una negociación, ¿se incluyó al presidente hoy secuestrado o no?

“Creo que hubo un ensayo de algo mayor aquí y la humanidad tiene que saberlo.”

El panorama se disipó un poco cuando el propio Estados Unidos explicó cómo su tecnología de alto nivel logró desarticular la defensa venezolana y también el papel que, desde hace meses, venían desempeñando varios agentes de la CIA infiltrados en Caracas. 

Al respecto, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, declaró que “nadie se entregó” y que aquí “hubo combate”. En este sentido, apuntó que la vida de al menos cien personas “fue arrebatada en un vil ataque, desigual, unilateral, ilegal e ilegítimo”.

Esta versión también fue confirmada por el hijo de Maduro, el diputado Nicolás Maduro Guerra, quien aseveró que Estados Unidos neutralizó los radares. “Quedamos ciegos; nos atacaron con un avión que emite una onda electromagnética que afecta todos los sistemas de defensa. Fue imposible despegar un avión, y lo más probable es que, si lo hubiéramos despegado, lo hubieran tumbado. La tecnología que usaron fue impresionante. Creo que hubo un ensayo de algo mayor aquí y la humanidad tiene que saberlo”.

Sin embargo, días antes, el joven diputado también asomó la posibilidad de una traición. En declaraciones a Truthdig, el analista y comunicador caraqueño Álvaro Suzzarini señala que, en episodios de esta magnitud, casi siempre hay héroes y villanos internos, pero, más allá del morbo que eso da, es la historia quien se encargará de poner a cada uno en su lugar.

El historiador venezolano, Álvaro Suzzarini. Foto: Álvaro Suzzarini.

De igual forma, el profesor universitario y activista venezolano, Andrés Antillano, afirmó a Truthdig que las suposiciones no aportan nada. “El hecho es que hay una negociación con Trump; si fue antes o después de la intervención y el secuestro de Maduro, es campo de la especulación, y quizás actualmente no sea lo más relevante, sino conocer qué sigue después de esta intervención brutal y despiadada, que también sirvió para atemorizar a todo el continente”.

Esta pregunta llena de temor al pueblo venezolano y de elucubraciones a los expertos.

Habla la gente

“Me preocupa quedarme sin electricidad nuevamente o sin agua. Por fortuna, tengo algo de comida en casa, pero también me surge el temor a dejar de encontrar lo necesario. A la par pienso en la seguridad, en la soledad que reina en las calles en las noches y para qué se pudiese prestar esto”, afirma Ariadna García, joven redactora, que confiesa tampoco entender cuál será exactamente el rol y el alcance de Estados Unidos en Venezuela.  

Al respecto, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, asegura que el país “fue agredido por una potencia nuclear, pero no está en guerra”, “ningún agente externo lo gobierna” y que se abrirá paso a “un nuevo momento político”, el cual ya incluyó reuniones con diputados de la oposición y la liberación de presos políticos.

“Cada vez que Trump sale hablando como si fuera el presidente de Venezuela me da miedo.”

Pero en ciudadanos como la profesora universitaria, María Mercedes Cobo, persisten los temores nacionales y personales. “Primero que nada, temo que esta agresión se repita, pero también me aterra que ya no seamos un país con autodeterminación, sino un territorio colonizado. Cada vez que Trump sale hablando como si fuera el presidente de Venezuela, me da miedo. Pero también me pregunto qué va a pasar con nuestra economía”.

En lo que llevamos del 2026, la cotización oficial de la divisa estadounidense ha escalado casi 10% mientras que la brecha cambiaria entre la tasa oficial y la paralela ronda el 100%, lo cual devalúa el bolívar, moneda oficial de Venezuela a través de la cual la mayoría de los trabajadores perciben sus ingresos y hoy ven brutalmente disminuido su poder adquisitivo especialmente a la hora de comprar comida y medicinas.    

Tras el 3 de enero, “en un contexto de profunda incertidumbre política, la economía ha dejado de ser una prioridad. La falta de abordaje de esta brecha está provocando una contracción de la capacidad de compra de la gente debido a la destrucción del sistema de precios”, afirma el economista Asdrúbal Oliveros, quien considera que, hasta que el mercado petrolero venezolano no se estabilice, el mercado cambiario tampoco lo hará.

¿Qué dicen los expertos?

En términos netamente políticos, ¿qué podría ocurrir en los próximos meses? De acuerdo con Suzzarini, plantear desenlaces en condiciones de alta incertidumbre y escasez de datos es bastante arriesgado, pero el escenario que se asoma, y el más plausible, es el actual. 

“La continuidad del chavismo en el poder, bajo la figura de Delcy Rodríguez, y que se cumpla al menos este período 2025-2031”, afirmó.

A su juicio, esta supuesta “transición sin transición” que estamos viviendo revela que Washington no había comprendido en su totalidad el fenómeno del chavismo como movimiento político. “Este no es un tipo de gobierno, como se calculó en Estados Unidos, donde, al decapitar el liderazgo de Maduro, lo demás caería en desbandada. Hay liderazgos que confluyen y una madurez política de 30 años”. Hoy lo ven. 

El historiador también resalta que la oposición más derechista, encabezada por María Corina Machado, quizás siga “apartada de la ecuación y la matemática del poder” porque no tiene la capacidad, el equipo ni el apoyo para sostenerlo y menos en un momento tan delicado. Mientras que Rusia y China aún podrían mover los tableros políticos con repercusiones en Venezuela.

El transporte público, la recolección de basura y otros servicios básicos ya han vuelto a la normalidad en su mayoría en Caracas. Foto: Jessica Dos Santos Jardim

En efecto, aunque Trump esté dispuesto a recibir a Machado en la Casa Blanca y ella quiera regalarle el Premio Nobel de la Paz, ambos saben que la opositora no podría liderar el país y menos ahora: “No tiene el apoyo ni el respeto”, afirmó el mandatario estadounidense.

Por su parte, el doctor en ciencias políticas y profesor de la Universidad Central de Venezuela, Carlos Raúl Hernández, considera que hoy el país está secuestrado por Estados Unidos y bajo amenaza constante, por lo cual Delcy Rodríguez es una suerte de tabla de salvación. 

“Venezuela tiene más o menos las dimensiones poblacionales y geográficas de lo que fue Irak, así que si hoy Estados Unidos decidiese avanzar en una invasión podría … producir la muerte de 40.000 venezolanos; es una amenaza sumamente grave, que debe evitarse con acuerdos”, expresó Hernández a Truthdig.

“Los petroleros están en manos de Estados Unidos y para mover el petróleo se necesita entonces el visto bueno norteamericano.”

Para Hernández, la posición de Rodríguez no es fácil porque “teórica o prácticamente se ha confiscado la flota petrolera vinculada con Venezuela y por supuesto eso hace que no haya más alternativa que negociar. Los petroleros están en manos de Estados Unidos y, para mover el petróleo, se necesita entonces el visto bueno norteamericano. Otra cosa, es la explotación petrolera china, que también es muy importante en este momento para la nación venezolana, ya que representa el 70% de las exportaciones, pero –por otro lado- Estados Unidos es un importador clave de China y China un gran mercado para Estados Unidos”.

Al respecto, considera que el gobierno de Rodríguez podría durar un par de años antes de que se realicen nuevas elecciones. “Hasta que ya no haya riesgo de una confrontación, de una guerra civil o de un proceso que desestabilice a la mayor reserva internacional de petróleo del mundo. A Trump le interesa que esta mina gigantesca funcione sin percances, y por eso negocia con el gobierno chavista, porque es la única fuerza que tiene una estructura real y que maneja el Estado”.

No obstante, Hernández cree que si estos acuerdos se rompen, podrían venir nuevas formas de invasión. “Pero calcularlo es difícil porque todo lo que está ocurriendo es inédito, asombroso en un mundo civilizado como el que creíamos tener”.

Además, no sería la primera vez que un gobierno estadounidense invade primero y piensa después. Pero, al menos por ahora, pareciera que el accionar de Estados Unidos consistirá en coaccionar a las autoridades mediante acciones como las ocurridas el 3 de enero.

Por ahora, un pequeño grupo de senadores republicanos de los Estados Unidos dio una notable reprimenda a Trump al votar a favor de avanzar en una resolución que limitaría el uso futuro de la fuerza militar norteamericana en Venezuela sin la aprobación del Congreso. Pero Trump no suele respetar ni siquiera la legalidad estadounidense y aún le quedan tres años de mandato. Mientras tanto, su próxima víctima podría ser Cuba, Colombia, México, Groenlandia… o nuevamente Venezuela.

Rock Solid Journalism

In 2026, amid chaos and the nonstop flurry of headlines, Truthdig remains independent, fact-based and focused on exposing what power tries to hide.

Support Independent Journalism.

SUPPORT TRUTHDIG